<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" version="2.0"><channel><atom:link rel="hub" href="http://tumblr.superfeedr.com/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"/><description></description><title>tlatland blog</title><generator>Tumblr (3.0; @tlatlandblog)</generator><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/</link><item><title>Rayuela, 50 años, [Parte II]</title><description>&lt;p&gt;Morelli autor de Rayuela&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Los manuscritos de Morelli&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;por Juan José Mendoza, &lt;a href="http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/ficcion/Anatomia-de-una-novela-puzzle_0_913108690.html" target="_blank"&gt;Suplemento Ñ&lt;/a&gt; [03/05/2013]&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;El documento conocido como el “Cuaderno de Bitácora”, que hoy atesora la Biblioteca Nacional, acompañó el proceso de escritura de “Rayuela” y sus páginas, plagadas de dibujos, frases e ideas, se convierten en una radiografía mental de Cortázar.&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/8f7569340d7dfdd6807f16b46681e1e6/tumblr_inline_mma5bqU0GG1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;em&gt;&amp;#8220;Morelli vive en el 32 de la Rue Madame&amp;#8221;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;En la tercera parte de &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Rayuela&lt;/span&gt;&lt;span&gt;, que se titulaba “De otros lados”, se reunían fragmentos de libros subrayados, diálogos, bocetos de teorías sobre lo literario. Y también las “morellianas”, las notas de ese escritor llamado Morelli a quien los integrantes del Club de la Serpiente leían y comentaban en sus trasnoches parisinas, entre tazas de café y discos de jazz. Entre esas notas se puede ver el plan de algo que Morelli está escribiendo. Hay allí partes de una teoría novelada, retazos de una obra a la que Morelli llamaba “Almanaque”. Mucho se ha dicho sobre esas notas. ¿Son las notas que Cortázar tomaba mientras escribía &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Rayuela&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span&gt;y que, para disimular, adjudicó a un personaje que es él mismo? El cuaderno de esas notas existe. Mientras escribía &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Rayuela&lt;/span&gt;&lt;span&gt; Cortázar llevaba un cuaderno, una libreta de apuntes sobre su escritura. Las coincidencias entre los apuntes de Morelli y el diario de Cortázar son notables.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el Capítulo 154 de Rayuela hay algunas pistas. Morelli ha sido víctima de un accidente y, convaleciente en el hospital, recibe la visita de Oliveira y Etienne. Allí Morelli les entrega un cuaderno y las llaves de su departamento. Nombrados albaceas de esa obra que admiran, reciben instrucciones de cómo organizar los manuscritos: “Las carpetas los ayudarán, hay un sistema de colores, de números y de letras. Se comprende enseguida. Por ejemplo, este cuadernillo va a la carpeta azul, a una parte que yo llamo el mar, pero eso es al margen, un juego para entenderme mejor. Número 52: no hay más que ponerlo en su lugar, entre el 51 y el 53. Numeración arábiga. La cosa más fácil del mundo.”&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Un mar caótico.&lt;/strong&gt; El Cuaderno de Bitácora, o “Log-Book”, como Cortázar lo llama, podría ser un diario de navegación para eso que Morelli llama mar. Posee 164 páginas. Es un obsequio especial que Cortázar le hizo a Ana María Barrenechea. Ella custodió por años esos manuscritos. Por gestiones de Josefina Delgado, en los 2000 el cuaderno fue adquirido por la Biblioteca Nacional.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;span&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/262352c0ae5f69e91337b0560e7ff543/tumblr_inline_mma4704aru1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;span&gt;No es un borrador exactamente (muchos de los capítulos de &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Rayuela&lt;/span&gt;&lt;span&gt; ya habían sido escritos al momento en que Cortázar comenzó su diario). Se trata de un “cuaderno de trabajo”, un conjunto heterogéneo de ideas, bocetos de escenas y personajes, frases, planes de organización de un texto que, a medida que iba creciendo, se volvía caótico. Quizá fue la necesidad de organizar ese mar que comenzaba a ser &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Rayuela&lt;/span&gt;&lt;span&gt; lo que dio origen al diario. En la página 1 del cuaderno se tropieza con un estado primitivo del Tablero de Dirección: “El libro se podrá leer: 1) siguiendo el orden de las remisiones o, 2) Como cualquier libro”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;span&gt;También se puede ver cómo &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Rayuela &lt;/span&gt;&lt;span&gt;fue cambiando. Y aparecen frases sueltas del tipo: “París, enorme metáfora”. Se leen párrafos que, ampliados, aparecerán luego entre los capítulos definitivos. El diario también posee papeles intercalados. Dibujos, citas. Menciones a Marcel Schwob, Paul Klee, Ungaretti, Bacon, Stevens. Se leen cosas como “El tipo es más macho que la puta que lo parió”. A propósito de La Maga escribe: “Sentirse plus, sentirse gato, sentirse aire”. Y en la página 56 del diario se lee, suelta, como salida de la nada, aquella pregunta: &lt;/span&gt;&lt;span&gt;¿Encontraría a La Maga?&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Habitaciones mentales. &lt;/strong&gt;Se puede inferir que uno de los primeros dibujos de Rayuela lo hizo Cortázar en un volante callejero. Era el anuncio de un concurso de ramos florales que se iba a realizar el jueves 9 de marzo de 1961&amp;#160;en el Hôtel Continental de París. El diario tiene el aspecto de un collage. Hay papeles agregados a la libreta, con pasajes escritos a máquina. Y hay mapas del texto. Los dibujos son una muestra del carácter plástico de su pensamiento. Cortázar dibujaba las escenas. Pueden verse las habitaciones mentales donde Cortázar situaba a los personajes, el entorno imaginario en el que sus diálogos iban creciendo. También se agregan los planos del manicomio. Y más frases: “El Occidente renuncia cada vez más al mundo mágico”; y argumentos sobre la necesidad del desorden: “en la Argentina, en el hombre, en el Cosmos”; y la necesidad de huir de lo ordinario hacia el caos: “Vivir absurdamente para acabar con el absurdo”. En otras notas se lee: “El circo dentro del circo”, “El circo: la locura total”. Y otra nota suelta: “Leer a Nietzsche”. Los apuntes van armando el universo emocional e intelectual en el que Cortázar se hundía a medida que el oleaje de Rayuela lo iba envolviendo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cortázar trabajó varios años en la novela (o anti-novela). Residente en París desde 1951, y editada Rayuela en 1963, todos esos años de algún modo están involucrados en aquella escritura que, como él confesaría, es el proyecto de toda una vida. Hay sin embargo algunas pistas que concentran entre 1958 y 1961 el momento más intenso del diario. En una página se lee París, 1958. En otra nota se lee “Sueño del 7/11/58”. Es un sueño superpuesto en el que aparecen retazos de su casa de Banfield. Y entonces dibuja el plano de ese sueño. Estando en París, a Cortázar lo espolean, en mitad de la noche, ensoñaciones de la Argentina.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/6d55b35e241a041f7af17407c4a4fe8c/tumblr_inline_mma4l98HrG1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El Cuaderno concentra las “morellianas” y, especialmente, bocetos Del lado de Acá. Escenas de la pensión de Talita y Traveler donde Horacio se reencuentra con Gekrepten, su novia argentina. En más de una oportunidad Cortázar comentó que Rayuela comenzó con “el capítulo del tablón”, el largo capítulo 41&amp;#160;en el que, intentando acercarle yerba para el mate y unos clavos a Horacio, Talita queda suspendida en el aire, como una saltimbanqui sobre un tirante, en el medio de las habitaciones de Oliveira y Traveler. Entre los papeles del diario puede verse el plano abstracto de esa escena: las habitaciones unidas por los tirantes flotando en la nada, surcando el espacio aéreo del conventillo. Y así como esas, también aparecen esquirlas de las escenas del Circo “Las Estrellas” o del Manicomio, los escenarios fundamentales Del Lado de Acá. Pero en algún momento Cortázar advierte que todo tiende a concentrarse en Oliveira. “Caemos en el soliloquio excesivo, la desmesura egocéntrica” -anota en la página 109 del cuaderno, en evidente conversación consigo mismo-. “Centrar la acción en Talita y Traveler” -escribe inmediatamente-. Y agrega: “mirar a Oliveira a través de ellos, para que Oliveira recupere el primer plano”.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;“¿Está loco Oliveira?” -escribe Cortázar en otra página. ¿Es acaso Oliveira un interno del manicomio y, leída así, toda la novela sería entonces una fantasía urdida desde la locura? Esa lectura, que se desprende de los últimos capítulos de la Rayuela impresa, también puede corroborarse en la página 123 del diario: “Traveler y Talita se convencen de que Horacio está loco”. Y más adelante, en la página 125: “Quizá nunca hubo Maga. Quizá hubo solamente Talita, o Pola, o Lilith”.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/ae081fdfcef6a803784487c9d4bf4192/tumblr_inline_mma499dIQg1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;Una teoría del Mandala.&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;span&gt;El título de &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Rayuela&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span&gt;iba a ser &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Mandala &lt;/span&gt;&lt;span&gt;e iba a estar acompañada de una teoría sobre el centro. Pero en la página 117 la novela cambia de nombre. Allí Cortázar anota que a eso que está escribiendo lo debe llamar &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Rayuela&lt;/span&gt;&lt;span&gt;: “Mandala es muy pedante”. La teoría gira en torno a la concepción de la literatura o la vida como un “juego” consistente en la búsqueda de un centro incierto y, en rigor, inexistente. “¿Es cierto que hay un ajedrez indio con sesenta piezas de cada lado?”&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span&gt;-pregunta Morelli en el capítulo 154 de &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Rayuela&lt;/span&gt;&lt;span&gt;-. Y a continuación se describen las características: la partida es infinita, gana el que conquista el centro del tablero, pero ese centro se mueve y puede estar en cualquier parte: en una casilla lateral o, incluso, afuera del tablero.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cortázar sentía que el jazz era “la música más viva del siglo”. Así lo deja también anotado en su libreta. El cuaderno es una radiografía mental del escritor, un corte transversal de las ideas que alimentan el texto. En otra nota se lee: “La inteligencia de un escritor funciona en el acto de escribir como un aparato cibernético. De las múltiples formas posibles de expresión, elimina las que elegiría el escritor novato o mediocre (los clisés, las formas enfáticas, las metáforas vulgares) y deja pasar las formas justas, exactas.” En la página 47 se lee, tachado: “¿Por qué escribo esto -o cualquier otra cosa-? Por el ritmo. Porque todo lo que se [pone] sobre el papel me viene como un balbuceo, un swing que es para mí la única certidumbre de su necesidad y la única recompensa de mi trabajo.” Para Cortázar la escritura era una forma de fabricar el vacío en ese centro: “Por la escritura bajo al volcán [&amp;#8230;], me conecto con el centro. Escribir es dibujar mi Mandala. Es mi tarea de pobre shamán blanco&amp;#8230;” Algo parecido a eso puede leerse en el capítulo 82. Como una pista secreta, el cuaderno evoca los papeles que no conocimos de Morelli. Como si el cuaderno fuera algo parecido a ese centro que queda afuera del tablero en el ajedrez indio. La Rayuela impresa es sólo la punta del iceberg de un juego más vasto. El cuaderno simplifica y a la vez multiplica el número de lecturas y combinaciones posibles. Con su tierra y su cielo, el cuaderno le agrega al juego un poco de eso que Morelli llamaba mar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/8aa42bf815c4a47f07a94e39be221844/tumblr_inline_mma4ci7lWZ1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;span&gt;El Cuaderno de Bitácora de Rayuela,&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;span&gt;Ana María Barrenechea (Sudamericana, 1983)&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El Cuaderno de Bitácora de Rayuela fue editado en 1983 por Ana María Barrenechea (Sudamericana). Además del Cuaderno, en la edición de Sudamericana también pueden leerse relatos como “La Araña”, entre otros capítulos pasados a máquina por Cortázar y finalmente no incluidos en Rayuela.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/b31ddbe58c3227b2313681401d0cbf35/tumblr_inline_mma3tyYTkW1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/49596084371</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/49596084371</guid><pubDate>Sat, 04 May 2013 11:01:00 -0400</pubDate><category>Rayuela</category><category>Cortázar</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>Presentación</title><description>&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.nestorsanchezescritor.com/" target="_blank"&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/d6b01bbcad4a27afc0b812406364aea0/tumblr_inline_ml58rjVtjx1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/47778482712</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/47778482712</guid><pubDate>Fri, 12 Apr 2013 09:15:00 -0400</pubDate><category>agenda</category><category>Néstor Sánchez</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>RAYUELA 50 AÑOS [Parte I]</title><description>&lt;p&gt;Lecturas - Rayuela 50 años después&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;¿Qué son 50 años en la historia de una novela? Cómo fue leída Rayuela a lo largo de los años. Opinan Beatriz Sarlo, Germán García, Washington Cucurto y Mariana Enríquez.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;por Juan José Mendoza [Clarín Cultura, 24/03/2013] Suplemento Ñ. &lt;a href="http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Cumple-Rayuela-libro-generaciones-jovenes_0_889111246.html" target="_blank"&gt;http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Cumple-Rayuela-libro-generaciones-jovenes_0_889111246.html&lt;/a&gt; ￼&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/1720b06001508c9ac0a8fddf2121f373/tumblr_inline_mkl24b2coV1qho89i.jpg"/&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;En los 60&lt;/strong&gt;, cuando apareció, se transformó muy rápidamente en un clásico. Por su formato, por su vanguardismo, por la forma en que mezclaba el surrealismo francés de los años 20 con el realismo mágico del boom latinoamericano. Para los lectores argentinos en particular, la novela traía algo de la vanguardia de Macedonio Fernández. Por las aspiraciones poéticas del libro, también traía algo de Oliverio Girondo. Venía a bordo de las velocidades de su tiempo, a bordo del rock, el pop, las revueltas políticas y la revolución sexual. Pero cómo no recordar aquel texto de David Viñas que apareció en 1969 y en el que se cuestionaba la influencia que Cortázar estaba teniendo en una nueva generación de escritores de entonces: Manuel Puig, Ricardo Piglia, Germán García.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;En los 70&lt;/strong&gt;, aclamada por una nueva generación de jóvenes, leerla se volvió una forma de ser más joven todavía. Así como los capítulos de la novela podían reordenarse según los caprichos del lector, del mismo modo, la novela era también una forma de imaginar otro orden del mundo. Pero ya se encontraban definitivamente divididas las aguas respecto de las formas de leerla: mientras algunos la reivindicaban por su vitalismo, su lenguaje coloquial y el mensaje social del escritor en sus entrevistas, había quienes en cambio reivindicaban la novela por el mundo cultural y artístico que evocaba, por su experimentalismo y su vanguardia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;En los años 80&lt;/strong&gt;, ya definitivamente considerada un monumento literario, se transformó en la novela de un autor referente ineludible de la izquierda internacional. Cuando ese autor de fama exorbitante en el que se había transformado Cortázar regresó al país luego de treinta años de vivir en el exilio, el recientemente electo presidente de la Democracia no lo quiso recibir. Ya para entonces Rayuela se había transformado en la novela argentina del boom latinoamericano y en un clásico de repercusión universal. Los 80 eran también los años en los que se apagaría la vida del creador de la historia de La Maga y Horacio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;En los 90&lt;/strong&gt;, cuando a los de mi generación nos tocó leerla, Rayuela estaba en todas las bibliotecas en formación, aquellas que no tenían más de veinte libros. En todas había un ejemplar con la historia duplicada entre calles de París y Buenos Aires. De entre nuestros primeros libros, Rayuela era probablemente uno de los pocos destinados a sobrevivir, el primer ladrillo de una nueva forma de leer. Porque Rayuela también era eso: un libro con una biblioteca adentro. Leerla era también una forma de descubrir que por debajo de la historia de La Maga y Oliveira vagando por París, se asomaba una historia más sórdida: la de un triángulo escéptico formado por Horacio, Talita y Traveler en un circo de Buenos Aires primero y en un manicomio después. Era una de nuestras primeras educaciones sentimentales para reivindicar a la locura. Y era una forma de no llevarnos tan mal con nuestras pobrezas, una forma de pelearnos con la indigencia cultural en la que el menemismo nos hundía. Recuerdo que cuando la empecé a leer bajé corriendo a comprar un disco de jazz para escucharlo mientras la seguía leyendo. Para mí era la puerta de entrada a los años 50, una época que venía con su propia música. Pero si el jazz era la música de fondo de Rayuela, la estructura moral de la novela era la del tango de los años 40. Era el tango de los años 40 y “Buenos Aires Hora Cero” de Piazzola todo junto, como en una coctelera: por las palabras del lunfardo, por la forma de relacionarse entre sus personajes, por la ruptura de las formas y la nostalgia frente al tiempo que pasa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Leída en los 2000&lt;/strong&gt;, Rayuela es un gran hipertexto de papel, lleno de referencias e imágenes adjuntas, sonidos y notas musicales, con links que reenvían de una zona a otra del libro. No sería extraño tropezar con una edición en la web: una versión de la novela con ruidos, fotos, dibujos con líneas rotas, collages y canciones. Hoy, a cincuenta años de su primera edición, y a pesar de su reconocimiento internacional, su potencia sigue siendo la de una novela compleja. Celebrada en congresos internacionales de literatura, todavía es desdeñada por ciertas zonas de la crítica académica argentina. Pero para muchos Rayuela trae consigo una visión del mundo y una teoría de la literatura que incorpora la reivindicación de géneros literarios menores, la prueba de que los experimentos literarios y los juegos de las vanguardias son también cosas que pueden cautivar a muchos lectores. Para otros, a pesar de que la novela ponía el acento en el protagonismo del lector, apelando a que fuera él quien reorganizara el texto, sin embargo, también traía un “Tablero de dirección”, un “manual del usuario” puesto en el comienzo, una forma de subestimar al lector al que supuestamente se quería jerarquizar. Y ni hablar de aquella distinción desafortunada, la que separaba a “Lector Macho” de “Lector Hembra” y de la que después Cortázar pretendió desdecirse. Para algunos escritores contemporáneos Rayuela fue una novela revolucionaria que transformó a la literatura. Washington Cucurto, por ejemplo, confiesa que no hace relativamente mucho la leyó y le pareció un texto impresionante: “Toda novela tiene su lenguaje, y el de Rayuela no envejeció.” Para otros escritores contemporáneos en cambio es válida la pregunta en torno a si la novela envejeció: por su misoginia y su machismo, por las posturas del narrador frente a las minorías sexuales, por la forma en que la figura de la mujer es subestimada. Pese a las críticas que se le puedan hacer, Rayuela sigue estando en nuestras bibliotecas, con sus armas secretas y cautivando a cada nueva generación. En algún lugar de la literatura La Maga y Horacio se siguen encontrando para cazar estrellas, sepultar paraguas o suicidarse arrojándose a los ríos metafísicos. Y Talita y Oliveira siguen con insomnio jugando a la rayuela en el patio húmedo de un manicomio. Rayuela se sigue encontrando con nuevos lectores. Lectores exigentes, como la escritora Mariana Enríquez por ejemplo: “Rayuela es una novela de su época -ese narrador es tan contemporáneo de sí mismo que es difícil aplicarle objeciones de este milenio-. Talita  es un personaje que me encanta. Hay párrafos de esa novela de una belleza y una técnica pasmosas. Creo que, en general, a Cortázar se le pega demasiado.” &lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&lt;strong&gt;GERMÁN GARCÍA: UN MONTAJE CINEMATOGRÁFICO&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El horizonte de la literatura de aquel entonces era escribir el “cuento perfecto”. Eran muy pocos los escritores jóvenes que intentaban escribir una novela. Sobre Héroes y Tumbas de Sábato era “LA” novela. Rayuela me liberó a mí de esa doble exigencia, la de escribir cuentos perfectos (como los que publicaba la revista El escarabajo de oro) y novelas como las de Sábato. Rayuela estaba organizada a la manera de montaje cinematográfico. Eso era algo sorprendente y a la vez permitía una lectura lúdica. Contenía una biblioteca de escritores internacionales y argentinos (autores como Witold Gombrowicz, menciones a Macedonio y Juan Filloy), sin contar la vanguardia que chorreaba por todas sus páginas. También era una manera de confrontar la cultura idealizada de París con la cultura periférica de Buenos Aires. Rayuela no era ajena a lo que luego en los 60 también vendría de la mano del pop norteamericano. Pero Rayuela era nuestra.&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&lt;strong&gt;BEATRIZ SARLO&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La primera noticia periodística sobre Rayuela, publicada en Buenos Aires por una revista de actualidad, se mostró desconcertada ante esa radical novedad que la novela parecía comunicar a su público. Unos meses después, muy rápidamente, Rayuela pasó a ser el libro esperado por todo el mundo. Conectaba perfectamente con el aire de los tiempos: liberación sexual, refutación de la autoridad, incluso, como poco después los Beatles, algo de orientalismo. Esto es lo que Rayuela evocaba en sus lectores jóvenes. Pero la novela también interpelaba a los lectores formados que habían establecido una relación con las tradiciones vanguardistas. Sobre todo, Rayuela era lo que se proponía ser: una crítica de la literatura realista, naturalista, psicológica y social que todavía se escribía, según pautas más o menos conocidas, en América Latina. (En Escritos sobre literatura argentina (Siglo XXI, 2007)) ￼ ￼&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/f73c87f94bfc20af4f25aebd6af4cff5/tumblr_inline_mkl1hr1cXc1qho89i.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/fd123a322331f943dd6143d0ed6699e8/tumblr_inline_mkl1ig0mYg1qho89i.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;div&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/46251238593</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/46251238593</guid><pubDate>Fri, 29 Mar 2013 13:43:00 -0400</pubDate><category>rayuela</category><category>cortázar</category><category>el canon digital</category><category>maneras de leer en la era digital</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>Mapa Rayuela 2013</title><description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;img src="http://media.tumblr.com/8cb444de7fc7330608d002290239e779/tumblr_inline_mk81tt7mfw1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;span&gt;Buenos Aires. &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span&gt;Se le pondrá el nombre de &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Rayuela&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span&gt;a la Plaza de la Lengua de la Biblioteca Nacional. En el Museo de la Lengua se exhibirá el Diario de Bitácora de Rayuela, el diario que Cortázar llevaba mientras escribía la novela. Como parte de las conmemoraciones, la editorial Alfaguara reeditará la obra completa de Cortázar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;span&gt;París. &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span&gt;El Instituto Cervantes de París organizará una “Ruta Cervantes” dedicado a Rayuela. El itinerario procurará recrear el París de los años 50 que deslumbró a Cortázar, una reconstrucción de los vínculos artísticos y culturales que alimentaron la imaginación de Julio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;span&gt;Madrid.&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span&gt;La Librería del Centro de Arte Moderno (refugio destacado de la literatura argentina en Madrid) ha inscripto todas sus actividades en el marco del Año Rayuela. Llevará adelante proyecciones de películas y ciclos de lecturas. También en Madrid, la Fundación Juan March dará a conocer la digitalización del “Archivo Cortázar”, donado a la fundación por Aurora Bernárdez, ex-esposa del autor de Rayuela.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/46251174134</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/46251174134</guid><pubDate>Mon, 25 Mar 2013 10:25:00 -0400</pubDate><category>Rayuela</category><category>Cortázar</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>Perdidos en Princeton</title><description>&lt;p&gt;por Juan José Mendoza, &lt;a href="http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/memoria-literatura-latinoamericana-Princeton_0_879512050.html" target="_blank"&gt;Suplemento Ñ&lt;/a&gt;, 8/03/2013&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/9e677ecb8d9ea2cb2b600e4cdef15005/tumblr_inline_mjd7z6g78M1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;strong&gt;En la Biblioteca de la Universidad de Princeton se encuentra una de las más ambiciosas colecciones de manuscritos de autores latinoamericanos del siglo XX. Única en su tipo, desde los años 70 sus estantes han ido incorporando manuscritos de Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa, Juan José Saer, Alejandra Pizarnik, Severo Sarduy, García Márquez y muchos más. Acá, la crónica de un paseo por Princeton. El archivo visto desde adentro.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br/&gt;El guardián de los manuscritos me da un lápiz y seis delicadas hojas para que haga mis notas. Me recuerda que también debo dejar mi libreta de apuntes y mi birome en uno de los lockers. Y muy amablemente me indica un pupitre en el que puedo esperar por una de las cajas que solicité. Antes de ello, debo lavar cuidadosamente mis manos en un lugar especialmente dispuesto para esos fines en la antesala de lectura. Es una tarde gris y con viento. La temperatura es cambiante. Ni demasiado frío ni demasiado calor. Según se vaya desde New York o desde Philadelphia, para llegar a Princeton es necesario tomar tres trenes. En cualquier caso, se hará una escala en Trenton. De allí, un segundo tren irá hasta Princeton Junction y, finalmente, un último tren llegará hasta el campus, un conglomerado de castillos cuasi-medievales en los que el saber de la universidad se guarece. Edificios interconectados por senderos laberínticos, un gran parque temático del conocimiento y la erudición con su propio centro comercial y su propia playa de estacionamiento de bicicletas. Por uno de esos pequeños senderos, atravesando pequeños arcos de triunfo y leones de granito, se llega hasta la Firestone Library, la “Piedra de Fuego” en la que se aloja la más ambiciosa colección de manuscritos de escritores latinoamericanos del siglo XX. Allí me espera su curador, Fernando Acosta-Rodríguez. &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;&lt;strong&gt;Princeton desde adentro&lt;/strong&gt;&lt;br/&gt;Fernando es puertorriqueño y desde hace varios años es el encargado de la parte latinoamericana de manuscritos de la que Don C. Skemer es el curador general. Me cuenta que Peter Johnson, su predecesor, comenzó con el diseño de la sección allá por los años 70. De 1974 data la primera adquisición del archivo, la de los papeles personales del escritor chileno José Donoso, quien cedió a la universidad sus manuscritos como parte del pago de la matrícula de un estudiante destacado. Siempre existieron dudas sobre aquella historia. Fernando siempre había sospechado que podía tratarse de uno de los tantos mitos que circulan por Princeton. Pero hace algún tiempo tropezó con algo. Una carta membretada, firmada por Frederic Fox, el Secretario de Actas de aquel entonces, confirma el hecho. En teoría, no mucho se sabe de aquel estudiante destacado, quién fue, qué vínculo lo unió a Donoso. Pero el estudiante existió. Otra de las leyendas era que aquellos papeles de Donoso no podían ser consultados sino hasta pasados los 50 años de su muerte. Pero es probable que ese acuerdo no haya existido tal cual. Donoso falleció en 1996 y, hasta ahora, ya varios han podido consultar sus papeles. Entre ellos se encuentra la propia hija del escritor, Pilar Donoso, autora del libro Correr el tupido velo, una fervorosa indagación en torno a las vacilaciones existenciales de su padre y la compleja relación que mantuvo con su sexualidad el autor de El obsceno pájaro de la noche.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Con la adquisición de los papeles de Donoso comenzó todo. Papeles de Carlos Fuentes, Octavio Paz, Reinaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante y Ángel Rama son sólo algunos de los muchos manuscritos que los estantes de la sección han incorporado desde entonces. Entre otra de las más tempranas adquisiciones del archivo, ocurrida en los tempranos 80, se encuentran los manuscritos de Mario Vargas Llosa. Para refutar otro poco la teoría de la inspiración literaria y fortalecer la del trabajo, esa sola adquisición posee miles de hojas manuscritas dispuestas en 254 cajas, 115 metros lineales de estantería. Y contando. No hace mucho que Fernando y Don Skemer se reunieron con el propio Vargas Llosa para conversar la adquisición del resto de sus manuscritos: aquellos papeles que el Premio Nobel de Literatura ha escrito desde mediados de los años 90 hasta la fecha.&lt;br/&gt;Libreros, familiares o intermediarios que han hecho llegar hasta la universidad su ofrecimiento, o el interés y las investigaciones que la propia universidad ha alentado están entre los impulsos que le han ido añadiendo estantes a Princeton. De entre todos los papeles, me explica Fernando, el diario de Alejandra Pizarnik se encuentra entre los más consultados por los investigadores. Cómo es que el diario de Pizarnik ha ido a parar allí es otra historia. Muchas cosas han pasado desde 1972, fecha de la muerte de Alejandra, hasta 1999, año en que sus papeles ingresaron a la Firestone Library. Una cadena de hechos que se remontan a la dictadura militar y la necesidad de sacar del país los papeles de Pizarnik para mantenerlos a salvo, trasladarlos en barco, entregarlos a Cortázar poco antes de su muerte en París y, finalmente, la entrega a Princeton de aquellos papeles por parte de Aurora Bernárdez, la ex-esposa de Cortázar, en 1999. Son todas esas algunas de las muchas escalas de aquellos manuscritos. Aun después de la edición de sus diarios la controversia que envuelve sus páginas sigue activa. Pese a que una gran cantidad de folios del diario de Pizarnik fueron dadas a conocer por la imprenta, sin embargo, no sucedió eso con todas sus páginas. Ana Becciu, editora de los Diarios, debió pelear con una idea al parecer enquistada en la mente de los herederos de Pizarnik. Una extraña idea que pretendían separar “el genio” de Alejandra de “los escándalos” de su vida. Ese pequeño hecho todavía sigue privando a los lectores de conocer muchas líneas íntimas (años enteros de su diario incluso). Extraño destino para los papeles de quien pretendió difuminar como nadie los ya de por sí borrosos límites que suelen tabicarse entre poesía, cuerpo y vida. No es difícil imaginar a investigadoras como Patricia Venti entre aquellos que peregrinan hasta Princeton procurando bucear en la intimidad de la poeta argentina, tratando de dar a conocer algunos de los fragmentos que se pretendieron encubrir de aquel diario. “Tanta máscara, para qué, para quién. ¿Y todo, en esta vida habrá sido para divertir al espejo? [&amp;#8230;]. Hablo de decir con una voz que no nace porque no la dejan” -escribe Pizarnik en una de las entradas de su diario, la del 19 de octubre de 1962-. &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Mientras me va mostrando el interior de la “Piedra de Fuego”, Fernando va componiendo la historia de aquella sección hecha de papeles que se baten a duelo con el tiempo. Historias de colecciones y escombros de tinta se cruzan con una historia latina reconstruida como un collage desde los Estados Unidos. Una historia ajada por inmigraciones económicas, exilios políticos, censuras, derroteros académicos. Situada en el segundo subsuelo de la biblioteca, la oficina de Fernando tiene poco aspecto administrativo. Hay allí varias pilas de libros, sobre el escritorio, sobre los aparadores. Hay primeras ediciones de los años 50 y 60. Y hay también una guía telefónica de La Habana de 1979. También una serie de catálogos, listas de libros candidatos a posibles compras. Saliendo de allí, nos vamos hasta el piso más alto de la biblioteca. Hay allí un cuarto atiborrado de cajas y papeles. Es la zona backstage del archivo. El lugar de la utilería. En sentido metafórico pero también literal. Un ejemplar de Prensa Obrera y un afiche del MST contra el ALCA aparecen en una de las cajas. También hay otro panfleto de una corriente de opinión nacional con la caricatura del presidente de un país parecido al nuestro. “Arqueología del presente”. Allí trabaja una persona que se especializa en separar cosas. Conscientes de nuestra desaparición, hay quienes acopian material para los investigadores del futuro. Aquellos que, por desconocidas razones, se harán preguntas del tipo quiénes fuimos, qué decíamos. Pero Fernando me corrige. No se trata del acopio de corpus para investigaciones futuras. “Muchos estudiantes actuales consultan este material”, me explica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/5362cb925cd17abf42ee08dd3fcf8040/tumblr_inline_mjd802KpA21qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;br/&gt;&lt;strong&gt;Papeles en la encrucijada&lt;/strong&gt;&lt;br/&gt;Para refutar el móvil del antropólogo o el interés del compilador cultural, hace poco ingresó a la colección una pequeña libreta. Allí se acurrucan las comprimidas letras que componen la versión preliminar del cuento “El otro cielo”, de Julio Cortázar, incluido en Todos los fuegos el fuego, de 1966, y que tanta relación intertextual mantiene con Rayuela. La libreta está acompañada de una carta en la que Cortázar le pide a su amigo, el escritor Saúl Yurkievich, que por favor conserve aquellas notas. Es eso lo mismo que Cortázar le pedía a otros amigos suyos a quienes les entregaba cosas. A Ana María Barrenechea, por ejemplo, a quien le entregó el cuaderno de bitácora de Rayuela, actualmente en poder de la Sala del Tesoro de la Biblioteca Nacional Argentina. Entre otros papeles de Yurkievich hay también cartas de Italo Calvino y Tomás Eloy Martínez. Las referencias se van cruzando. Unos archivos remiten a otros archivos y unos escritores a otros escritores, revelando la trama de un tiempo anterior al de la edad de los mails y a la de los “manuscritos digitales”.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;En la sección de Artes Gráficas se destaca la reciente adquisición de 34 pinturas y dibujos de Severo Sarduy acompañados de trabajos de Roland Barthes, del pintor cubano Jorge Camacho y del artista mexicano José Luis Cuevas. Adquisiciones como estas se corresponden con investigaciones que la universidad incentiva. No es difícil imaginar la mano de Rubén Gallo detrás de esa adquisición. Gran conocedor de la obra y la vida de Sarduy y especialista en la relación entre literatura latinoamericana, psicoanálisis y postestructuralismo francés, Gallo es el director del Programa de Estudios Latinoamericanos de Princeton. Lo mismo podría decirse de la adquisición que más enorgullece a Fernando Acosta. La de los manuscritos de Juan José Saer que el archivo hiciera en 2010 y detrás de la cual no es difícil imaginar a Ricardo Piglia. La relación de Saer con Princeton es bastante particular. A la amistad de Saer con Piglia, quien durante años fue profesor en Princeton, también se agrega la participación de Saer en el simposio “La literatura después de Borges” que se hiciera en el año 2000 y de cuyas intervenciones todavía se habla. Entre los papeles de Saer se encuentran anotaciones y borradores de casi todas sus novelas. Algunos de aquellos manuscritos ya han comenzado a estar disponibles gracias a la edición de “Papeles de trabajo”, el primero de una serie de compilaciones saerianas que Alberto Díaz (el editor histórico de Saer) y Julio Premat y un equipo especial de trabajo emprendieron desde antes de que todo fuera a parar a Princeton, cuando aquellos papeles todavía se encontraban en el estudio del escritor en su residencia de París y en Santa Fe, en casa de Mabel Saer, la entrañable hermana mayor del escritor nacido en Serodino. Serodino, Santa Fe, París, Princeton, la historia de los archivos es también la historia de la relación que unos papeles establecen con la geografía. Le pregunto a Fernando por el rol de Ricardo Piglia en el entramado que hay detrás del archivo. Fernando sonríe. De Piglia en Princeton hasta ahora sólo hay unas pocas hojas que forman parte de su correspondencia con Arcadio Díaz Quiñones, uno de los interlocutores más allegados al escritor argentino durante su estancia en Princeton. No es difícil imaginar que en el archivo hay unas cuantas cajas vacías, esperando por escritos piglianos como su voluminoso diario, ese gran cuaderno que el autor de Nombre falso viene alimentando desde siempre y en el que se concentran las esquirlas argumentales de sus lecturas o los primeros bocetos de las tramas que rodean a Emilio Renzi, ese alter-ego literario del propio Piglia. Entre otras de las últimas adquisiciones del archivo se destacan las “Cartas a Beba”, 23 cartas que Néstor Perlongher le escribió a Beba Eguía hacia el final de su vida, entre 1989 y 1992.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;&lt;strong&gt;Los manuscritos&lt;/strong&gt;&lt;br/&gt;El guardián de los manuscritos trae ahora la caja C0609. Con mucha cautela la deposita sobre la goma espuma que hay en mi mesa. Allí está la correspondencia que Leopoldo Lugones, Marechal y Victoria Ocampo alguna vez le enviaron al escritor santiagueño Bernardo Canal Feijóo. En una tarjeta con fecha de febrero de 1925, Ricardo Rojas saluda a Don Bernardo y lo felicita por su “Penúltimo poema del fútbol, en el que su ingenio da vivaces saltos deportivos”. En otra carta, con fecha de 7 de julio de 1941, Victoria Ocampo le comenta a Don Bernardo que se encuentra embarcado para la Argentina Denis de Rougemont, quien, invitado por el grupo Sur, dictará una serie de conferencias sobre la Europa en guerra de aquellos años. Es esa la misma carta en la que Victoria le comenta que acaba de salir de imprenta una revista financiada por Sur y que será dirigida por Roger Caillois. Se trata de Les Lettres Françaisse, cuyas páginas serán, en efecto, un refugio destacado de los intelectuales franceses en el exilio tras la ocupación alemana de París.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Allí mismo, entre aquellos papeles, aparentemente extraviadas entre folios de cartón, hay un grupo de hojas que se diferencian del resto. Son papeles mucho más envejecidos e ilegibles. La calidad del papel es humilde. La letra, poco trabajada. Las líneas, como venidas de una epifanía y escritas a la intemperie, no respetan las rayas de los renglones imaginarios, esas rayas que muchos escribas ven aún en las hojas lisas. Y las letras se elevan en diagonal desde el margen izquierdo a la cumbre derecha de la hoja, como escalando la página, o como poniendo en evidencia una débil cuesta hecha de metafísica y vida. Sería difícil explicar el interés por esa grafía críptica. Pero se trata nada menos que de la letra de Macedonio Fernández. En esas cartas, que concentran mucho de lo mejor de su teoría estética, Macedonio duda, duda de todo; y reivindica sus dudas literarias a las cómodas certezas de otros. La ironía ha querido que también hasta Princeton fueran a parar aquellos autógrafos privados de Macedonio. Hasta antes de que Adolfo de Obieta se interpusiera entre él y la estufa, Macedonio había desechado una gran cantidad de sus escritos. Los había desechado porque, a diferencia de Saer, no creía en la materialidad de la escritura. Y entonces, ¿para qué conservar? Nada más paradójico para el Mal de Archivo que los papeles centrífugos de Macedonio. Pero la cosa es más compleja, porque Saer también desconfiaba de lo real. Era una desconfianza casi química en la materialidad del mundo. Sin llegar a la metafísica, para el autor de El entenado todavía había algo más, que se parecía a la disolución y que estaba detrás de lo real ¿Por eso su interés en enumerarlo y describirlo todo?&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Entre otra de las cajas, la C0819, entre los “Manuel Mujica Lainez Papers”, se encuentran parte de las muchísimas cartas que Manucho le escribió a su amigo Alberto Manguel, autor del Diccionario de los lugares imaginarios. Se trata, en su mayoría, de cartas de los años 70. En diciembre de 1974, Manuel Mujica Láinez le escribe a Alberto Manguel desde Madrid; en agosto de 1977 le escribe desde Venecia; en diciembre de 1977 desde su residencia de Cruz Chica, Córdoba. Las cartas dibujan, con intermitencias, movimientos en el paisaje. “Cuando se escriba de manera sincera, no de manera apologética, la historia de la literatura argentina, se dirá que Manuel Mujica Láinez ha sido un bienhechor” -dice entre todos aquellos papeles, con fecha de marzo de 1979, una carta pasada a máquina de Jorge Luis Borges dirigida al autor de “Misteriosa Buenos Aires”-. Más adelante, la carta aclara: “María Kodama, a quien dicto estas líneas, me hace notar que las páginas de Bomarzo no reconstruyen un pasado, están como en un sueño resplandeciente de ese pasado”. A propósito de lo resplandeciente, algo similar podría decirse de los papeles de Witold Gombrowicz. Dispersos en diferentes cajas y colecciones, como brillantes pepitas, los papeles de Gombrowicz se esconden del cómodo visitante que quiera ver sus manuscritos reunidos en una sola caja. Y allí están, como refugiados adentro del mismo sueño centrífugo de los papeles de Macedonio, entre cajas con los rótulos de Sergio Pitol, Antón Arrufat, Emir Rodríguez Monegal. ¿De dónde vienen estas pistas?¿De qué tiempos de la literatura y de qué lugar de la historia de la lectura nos llegan sus rumores? Las letras manuscritas, o las páginas pasadas a máquina, a pulso, letra por letra, hablan de un tiempo anterior al del copy-paste y la edad electrónica. Kilómetros y kilómetros de tinta. Cada papel tiene su historia. Muchas de aquellas líneas han viajado en barcos, en correos aéreos o en trenes. Y han librado su propia lucha individual contra la desidia archivística. Y allí están, en Princeton.&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44894029591</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44894029591</guid><pubDate>Fri, 08 Mar 2013 18:47:00 -0500</pubDate><category>Princeton</category><category>Archivos Y Bibliotecas</category><category>Maneras de leer en la era digital</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>¿A dónde van las cosas cuando desaparecen?</title><description>&lt;p&gt;por Juan José Mendoza &lt;a href="http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/A-donde-van-las-cosas-cuando-desaparecen_0_879512051.html" target="_blank"&gt;Suplemento Ñ&lt;/a&gt;, 8/03/2013&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;“Latin American Ephemera Collection”, así se llama una rara sección del archivo que se ocupa de robarle a la intemperie libros y objetos curiosos, efímeros. Libros como los de la editorial Eloísa Cartonera y otras editoriales independientes de su especie, cuyos volúmenes, cuando no reciben el desdén de los lectores locales, se pueden adquirir en alguna librería de la avenida Corrientes de Buenos Aires por $16. Y que la Universidad de Princeton ha comprado por un precio mucho más cercano al de su valor patrimonial, mucho más elevado y en dólares.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los márgenes de la sección latinoamericana de Princeton son elásticos y se estiran. Entre los objetos de la sección pueden aparecer fotografías. Fotos como una de Pedro Henríquez Ureña tomada por Grete Stern en 1942. También puede encontrarse material de audio y video, como la conferencia de Saer en Princeton. Al archivo de afiches y volantes políticos de América Latina (tópicos como los de la Revolución Cubana y el Golpe de Estado en el Chile de 1973 están entre los orígenes del archivo), también se agrega una colección dedicada a temas de salud, entre cuyas carpetas pueden encontrarse cuidadosamente almacenados folletos de prevención de VIH.&lt;br/&gt;La Sección de Manuscritos Latinoamericanos de la Universidad de Princeton posee manuscritos de Reinaldo Arenas, Antón Arrufat, Cintio Vitier, Miguel Ángel Asturias, Guillermo Cabrera Infante, José Donoso, Arcadio Díaz Quiñones, Juan Villoro, Jorge Edwards, Rosario Ferré, Carlos Fuentes, José Lezama Lima, Elena Garro, Margo Glantz, Augusto Monterroso, Virgilio Piñera, Sergio Pitol, Mario Vargas Llosa, Emir Rodríguez Monegal. Entre los papeles argentinos sobresalen manuscritos de Borges, José Bianco, Manuel Mujica Láinez, Julio Cortázar, Alberto Girri, Silvina Ocampo, María Rosa Oliver, Néstor Perlongher, Álvaro Yunque, Juan José Saer. A los manuscritos de Saer recientemente editados por Seix Barral, con el título de Papeles de trabajo y con prólogo de Julio Premat, se añaden otros papeles que paulatinamente van llegando a la imprenta. Entre ellos, los papeles de Alejandra Pizarnik y la correspondencia de Macedonio Fernández. Entre otras de las cosas que pueden encontrarse en el Archivo figuran: el Archivo de sobrevivientes de los centros clandestinos de detención en Argentina, 1976-1983; Folletos socialistas de Buenos Aires, 1912-1916; Publicaciones del Partido Comunista de la Argentina, 1917-2007; Publicaciones políticas y culturales argentinas, 1900-1986; Socialismo Argentino: Periódicos, revistas, libros, folletos, declaraciones públicas, documentos internos, actas de congresos y volantes (1894-2009). El guardián de la sección es alguien que reúne y separa. Arrastra escombros de un lugar a otro.&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44893836237</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44893836237</guid><pubDate>Fri, 08 Mar 2013 18:45:15 -0500</pubDate><category>Princeton</category><category>Archivos Y Bibliotecas</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>Princeton en números</title><description>&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Inventario_0_878912325.html" target="_blank"&gt;Suplemento Ñ&lt;/a&gt;, 8/03/2013&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Algunos números del Archivo de Colecciones Especiales de Princeton&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;70&lt;/strong&gt;&lt;br/&gt;&lt;span&gt;son las colecciones literarias latinoamericanas que posee la Firestone Library.&lt;/span&gt;&lt;br/&gt;&lt;strong&gt;350&lt;/strong&gt;&lt;br/&gt;&lt;span&gt;es el número de colecciones de la sección Ephemera. Las colecciones están clasificadas por temas: Política, Religión, Mujeres y Género, Derechos Humanos y Civiles, Condiciones Socioeconómicas y Desarrollo. También posee un apartado sobre Salud, que recopila volantes sobre campañas de vacunación y prevención de enfermedades.&lt;/span&gt;&lt;br/&gt;&lt;strong&gt;403&lt;/strong&gt;&lt;br/&gt;&lt;span&gt;pósters argentinos posee la colección de arte gráfico, dedicada al acopio de publicidad callejera, pósters y afiches.&lt;/span&gt;&lt;br/&gt;&lt;strong&gt;2,6&lt;/strong&gt;&lt;br/&gt;&lt;span&gt;kilometros lineales de estantes posee todo el archivo en su conjunto.&lt;/span&gt;&lt;br/&gt;&lt;strong&gt;115 &lt;/strong&gt;&lt;br/&gt;&lt;span&gt;metros lineales de cajas son lo que mide la colección de manuscritos de Vargas Llosa. &lt;/span&gt;&lt;br/&gt;&lt;strong&gt;1974&lt;/strong&gt;&lt;br/&gt;&lt;span&gt;es el año de la primera adquisición del archivo. Donando libros y manuscritos que formaban parte de su archivo personal, el escritor chileno José Donoso pagó parte de la matrícula de un estudiante destacado. A partir de entonces, el acopio y la compra de manuscritos y libros raros de la Firestone Library en la Universidad de Princeton no se ha detenido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44893688719</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44893688719</guid><pubDate>Fri, 08 Mar 2013 18:43:17 -0500</pubDate><category>Princeton</category><category>Archivos Y Bibliotecas</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>Sarduy en Princeton</title><description>&lt;p&gt;&lt;strong id="internal-source-marker_0.4000581409782171"&gt;Por Rubén Gallo | Director del Programa de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Princeton&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Un-cubano-en-Princeton_0_879512053.html" target="_blank"&gt;Suplemento Ñ&lt;/a&gt;, 8/03/2013&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;34 pinturas de Severo Sarduy forman parte de la sección de Artes Gráficas de la Biblioteca de Princeton. La pintura es un aspecto no muy conocido de la obra del escritor cubano, durante años radicado en París.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/8815dab0c1cd1a66b5f49c5dbe79d1ff/tumblr_inline_mjd7msL84n1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;br/&gt;&lt;/strong&gt;Es comprensible que las pinturas de Sarduy encuentren un hogar permanente en Firestone Library. Aunque es algo poco conocido, Sarduy tenía una relación muy especial con Princeton. Sarduy hace un tributo a la universidad en uno de los capítulos de El Cristo de la rue Jacob (1987). El texto aparece en una parte del libro titulada “Arqueología de la piel”, que relata la historia que hay detrás de varias cicatrices de su cuerpo. Sarduy describe cómo se hizo una de sus cicatrices más visibles. “Dos dientes rotos, una puntada en el labio inferior”, que se le hicieron durante una visita a Princeton: “Todo comenzó en los Estados Unidos, en la Universidad de Princeton. Un accidente común, un resbalón en la nieve -la verdad es que no había nieve-, sólo un juego ambiguo con un estudiante no muy bien entrenado en Judo. Él había creído que mi alcoholismo era una simulación nocturna. Esbocé una danza karate y luego de paralizarme caí repentinamente al suelo. Después de haber pasado una noche con mi cara cubierta por el hielo, como si fuera un cadáver envasado en hielo seco, decidieron llevarme al hospital para que me pudieran hacer algunos puntos de sutura en los labios.” Después de esta apertura intrigante, Sarduy pasa a narrar el resto de su estancia en Princeton: un viaje por la mañana temprano a la sala de emergencias del hospital, seguido de una visita accidental a una Iglesia Negra donde la congregación afroamericana oró, lloró y cantó por él: “&amp;#8217;Sí, ¡eso es verdad!&amp;#8217;, gritaban los protestantes. Y seguían llorando y gritando”.&lt;br/&gt;La historia termina cuando Sarduy, ya de vuelta en París, sale de su oficina de Éditions du Seuil en la calle Jacob, y tropieza con una escena de lo más inusual: un camión que acaba de doblar la esquina lleva una pintura de tamaño natural de un Cristo con los brazos abiertos. El Cristo parece mirarlo. Este Cristo de la calle Jacob lo transporta a su experiencia de Princeton: “Comprendí inmediatamente que estaba tratando de decirme algo -Cristo, o mejor dicho, la pintura, que siempre ha hablado conmigo-. O tal vez, en cambio, era yo quien quería decirle algo. Sí, eso es lo que era. Yo quería decirle algo con fuerza, con aquel tono utilizado por el Ministro Negro en la Universidad de Princeton. Quería decirle algo con aquel tono, estoy seguro de eso. Pero nunca supe qué.”&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44893493894</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44893493894</guid><pubDate>Fri, 08 Mar 2013 18:40:41 -0500</pubDate><category>Princeton</category><category>Archivos Y Bibliotecas</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>Princeton, Otras Fuentes</title><description>&lt;p&gt;&lt;strong id="internal-source-marker_0.4000581409782171"&gt;Consultar los archivos de Princeton no requiere de trámites previos. Si se es investigador se puede presentar la credencial de la Institución o Universidad en la que se trabaja. En caso de no pertenecer a ninguna institución, se puede presentar algún tipo de Identificación Personal Internacional o Pasaporte. En la Oficina de Ingreso se entrega una credencial al visitante ocasional. También se pueden hacer consultas por Internet. Para ello se debe abrir una cuenta como investigador en el sitio &lt;a href="http://blogs.princeton.edu/research-account/" target="_blank"&gt;&lt;a href="http://blogs.princeton.edu/research-account/" target="_blank"&gt;http://blogs.princeton.edu/research-account/&lt;/a&gt;&lt;/a&gt;. A partir de la obtención de esa cuenta, y mediante solicitudes que deben ser aprobadas, se pueden gestionar copias digitalizadas de determinados documentos.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Sitio Web de la División de Manuscritos de la Universidad de Princeton:&lt;br/&gt;&lt;a href="http://www.princeton.edu/~rbsc/department/manuscripts/" target="_blank"&gt;&lt;a href="http://www.princeton.edu/~rbsc/department/manuscripts/" target="_blank"&gt;http://www.princeton.edu/~rbsc/department/manuscripts/&lt;/a&gt;&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;Blog de la División de Manuscritos:&lt;a href="https://blogs.princeton.edu/manuscripts/" target="_blank"&gt; https://blogs.princeton.edu/manuscripts/&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;Consulta del catálogo de Colecciones Especiales:&lt;a href="http://library.princeton.edu/catalogs/special.php" target="_blank"&gt; http://library.princeton.edu/catalogs/special.php&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44893371876</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44893371876</guid><pubDate>Fri, 08 Mar 2013 18:39:06 -0500</pubDate><category>Princeton</category><category>Archivos Y Bibliotecas</category><category>Maneras de leer en la era digital</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>Pasado y Futuro del Verbo Googlear</title><description>&lt;p class="western"&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/147817e1abafbd6931b05bcb9dd994ee/tumblr_inline_mj3nehMhYI1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="western"&gt;por Juan José Mendoza [especial para &lt;a href="http://www.perfil.com/ediciones/2013/3/edicion_759/contenidos/noticia_0001.html" target="_blank"&gt;Suplemento Cultura - Perfil.com&lt;/a&gt;, 3/3/2013]&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;strong&gt;Google Books, el área de digitalización de libros más importantes de Internet, lleva nueve años fotografiando textos alrededor del mundo. En 2009 la Biblioteca Nacional de Francia, durante tiempo la más reticente a ceder sus fondos, cayó finalmente en las garras de Google. Ya antes la Biblioteca Nacional de España había hecho lo mismo. En 2008, cuando Google abrió su filial en Buenos Aires, se corrieron rumores sobre la posibilidad de que el gigante de Internet comenzara con la digitalización de fondos de la Biblioteca Nacional Argentina. Hasta ahora, nada de eso ha ocurrido. Pero el debate sobre un plan nacional de digitalización de fondos está ahí. Esperando.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;strong&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/f24ede21a3a390346112fe52974a9206/tumblr_inline_mj3m1h0Ba91qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;u&gt;&lt;strong&gt;Pensar Google.&lt;/strong&gt;&lt;/u&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Mal de Archivo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;“&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;¿Por qué amamos tanto a nuestros archivos?”&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt; -se pregunta Claude Levi-Strauss en &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;El pensamiento salvaje&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;-. “Mal de archivo” llamó Jacques Derrida a esta enfermedad que lleva siglos incubándose en el corazón silencioso de un pensamiento fetichista y sin hombres. El problema del archivo, que tanto convocaba al Michel Foucault de &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;La arqueología del saber&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;, también preocupa por razones totalmente diferentes a Google. El gigante de Internet lleva adelante la más ambiciosa digitalización de textos que la humanidad haya conocido. ¿América Latina forma parte del proyecto Google?¿La Argentina, posee un Programa Nacional de Digitalización propio?&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;Pretérito imperfecto. &lt;/strong&gt;Ciento treinta millones de libros impresos en casi seiscientos años de imprenta. A razón de 226,876 por año, 621 por día, 25 libros por hora, casi medio libro por minuto. Y contando. ¿Sabía realmente Gutenberg lo que estaba inventando? Estaba inventando el infinito. Estaba mecanizando lo insondable y creando la angustia de ya no poder leerlo todo. Gutenberg, que simplemente le puso tipos móviles a un invento chino, fue sin embargo el inventor de muchas otras cosas. O mejor dicho, no fue él. Fueron los gutenberguianos, una legión discreta que esparció la enfermedad de las letras por todos los rincones del mundo. Fueron ellos, los gutenberguianos, los primeros enemigos de la página en blanco y los responsables de la propagación de los signos de puntuación; los inventores de los párrafos y de los números de página. Y también fueron ellos, los gutenberguianos, los inventores de las cuartillas, la encuadernación y los estantes de las bibliotecas. Porque todo aquello ya estaba allí, sin saberlo, durmiendo su sueño de futuridad en el vientre de una imprenta mal atornillada que, hacia el 1449, impregnó de tinta el &lt;em&gt;Misal de Constanza&lt;/em&gt;, el primer libro impreso que se conoce. Desde entonces, miles de gutenberguianos dispersos por todas partes han hecho cada uno lo suyo, como hormigas que corren llevando en distintas direcciones la noticia del fuego. Por más que se les endilgue, fueron discretos. Muchos eran anónimos y hacían su trabajo en silencio. Fueron, a su modo, los herederos díscolos de una tradición medieval que copiaba letras y arrastraba escombros de un papel a otro. Hasta que un día del siglo XX, a unos científicos que volvían borrachos de una guerra, se les ocurrió inventar la legión de los post-gutenberguianos. Y en eso estamos.&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;strong&gt;Una furgoneta&lt;/strong&gt;. Todos los libros de todos los tiempos en una furgoneta. Eso pensaba Vannevar Bush que debía inventarse. Lo pensaba en 1945. Era la una de las primeras veces que se imaginaba a Internet. Una vez terminada la guerra, a Bush le preocupaba en qué ocupar a los seis mil investigadores que coordinaba en la Oficina para el Desarrollo Científico de los Estados Unidos. También le preocupaba crear un sistema descentralizado de información, un mecanismo de preservación de documentos que no fuera víctima fácil de sabotajes y atentados. Preservar aquel maravilloso acervo militar rico en órdenes de ataques y bombardeos nucleares con el que se habían lucido en la Segunda Guerra y que, paradójicamente, también podía ser destruido, estaba en el centro de aquella nueva “ciencia social”. Era el corazón de una nueva política bibliotecológica que, ante el paso de moda del clasicismo, cambiaba a Platón por Clausewitz y desclasificaba a Epicuro. Todos los libros de todos los tiempos en una furgoneta. La pregunta era: ¿si alguien estaba pensando en preservarlo todo, eso significaba que alguien también estaba pensando en destruirlo todo? ¿En el corazón de una ideología de la conservación cultural se asentaba, silenciosa, una profunda vocación belicista, amante desesperada de la destrucción? Allí estaba acorazado el primer embrión de Google. Vannevar Bush entendía que la memoria era algo transitorio y, por lo tanto, debía inventarse un aparato, el “memex” (algo así como un “extensor de la memoria”), en el que se pudieran almacenar los libros y los archivos de todos los tiempos. Y que estuviera mecanizado de modo tal que pudiera recorrerse a gran velocidad.&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;strong&gt;10 elevado a 100. &lt;/strong&gt;La palabra la pronunció por primera vez un niño llamado Milton Sirotta una tarde de 1938 mientras paseaba por la costa del río Hudson. Cuando el matemático Edward Kasner le preguntó a uno de sus sobrinos qué nombre le pondría a un 1 seguido de cien ceros (1&lt;sup&gt;100&lt;/sup&gt;), este respondió: &lt;em&gt;Googol&lt;/em&gt;. Una variación de aquella palabra utilizada por los matemáticos como variante para referir al infinito es la que, casi sesenta años después, en 1997, Larry Page y Sergey Brin eligieron para denominar a su nuevo motor de búsqueda. Por aquel entonces Google era sólo un inocente programita, pero ya estaba predestinado a ser lo que terminaría siendo: el motor de búsqueda más importante de la Web.&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;Vení libro, yo te saco una foto. &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;En octubre de 2004 la empresa Google Inc. presentó en la Feria del Libro de Frankfurt su proyecto “Biblioteca Google Print”. Un proyecto que se proponía la creación de un archivo de libros digitales para ser consultados y estar disponibles on-line. Para diciembre de ese mismo año el proyecto ya contaba con convenios de digitalización con la New York Public Library y las bibliotecas de las universidades de Michigan, Harvard, Standford y la que había estado desde el comienzo: la Biblioteca Bodleian de la Universidad de Oxford. Por aquel entonces Google anunciaba que digitalizaría quince millones de libros en una década. Por ambicioso que pudiera parecer entonces, nueve años más tarde el proyecto ya lleva digitalizados veinte millones de libros. Es decir, cinco millones más de los que inicialmente se había propuesto. Pero muchas cosas han pasado desde entonces. Entre ellas: Google ha realizado convenios de digitalización de libros con la Biblioteca Nacional de Madrid y con aquella que parecía una de las bibliotecas más difíciles de convencer de todas, por su patrimonio bibliográfico, por su aversión a la cultura anglosajona: la Biblioteca Nacional de Francia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;Vamos a googlear mi amor. &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;La palabra Google arroja  11,140,000,000 resultados en 0.19 segundos. El resultado desmiente aquel mito de que la palabra “sex” es la palabra más buscada en Internet (2,370,000,000 resultados en 0.41 segundos). En la batalla de las palabras más buscadas en Google aparecen las palabras Google, Free, Download, Yahoo, Hotmail, Facebook y Wikipedia. Además de las palabra “sexo”, por supuesto. ¿Internet remite a sí mismo, del mismo modo en que la TV remite todo el tiempo a la TV y la literatura a la literatura? La palabra sexo, por supuesto, es la reina de todas las vedettes: directamente o no, ella aparece nombrada en la literatura, en la TV y en la Web. “Los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de las cosas”, podríamos decir parafraseando uno de los comienzos más célebres de Borges. Borges decía eso en el mismo texto en el que vaticinaba que los nuevos tiempos traerían consigo una nueva enciclopedia; y una nueva enciclopedia significaba, para él, la creación de un nuevo orden del mundo. “Si está en el mundo, está en Google”, dicen millones de navegantes por día en todo el mundo. ¿Realmente está todo en Google?¿Cuáles son las cosas hechas con palabras que todavía no están en Google?¿Cuánto tiempo pasará para que comiencen a estar ahí?¿Cómo evitar que Google lo capture todo? El debate sobre la digitalización y la oposición “libros vs eBooks” oculta un debate todavía mayor, alimentado sólo por vocaciones solitarias e individuales pero poseedoras de una enorme tradición: ¿qué estamos haciendo con nuestros archivos analógicos?¿En Argentina existe una verdadera “conciencia documental” o sólo rige la cultura de la inercia y la desidia archivística?¿Sacando programas excepcionales y aislados, existen políticas de conservación de acervos bibliográficos a escala nacional?¿Cuáles son?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;Gran Hermana. &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;La máquina de digitalización está ahí, tranquila, centelleando. Por delante de su ojo pasan páginas que pelean con los ácaros desde hace algunos siglos. Libros delicados. Libros con lomos, libros sin lomos. La historia de la encuadernación ha cambiado. Hay diferentes tipos. Pero el scanner de la era digital, ese verdadero Gran Hermano de los Libros que todo lo ve, es ajena a ese tipo de detalles. Ella digitaliza. Como una polilla de circuitos integrados, ella va. Lejos de los debates sobre “libros vs eBooks”, ella pasa. Ella come. De a una, se va tragando las páginas que hasta su ojo de cíclope llegan. Click. Click. Cada pestañeo suyo es una nueva página que, tras pasar por el purgatorio de las bibliotecas analógicas, después de haber pasado varias décadas allí, ahora llega por fin al Olimpo Digital. Un último resplandor y las páginas se fugan para siempre de los peligros del fuego. O, incluso, ya pueden ir a dormir su sueño de arena confiadas en que algo de ellas, algo hecho de bits, las sobrevivirá. Algo parecido a ellas se ha vuelto inmortal. Y a partir de entonces estarán ahí, en la nube de Internet, en un Averno imposible para la posteridad. Al fin y al cabo, después de algunos siglos de modernidad, los hombres post-humanistas se reencuentran con un saber que los hombres medievales ya poseían: las bibliotecas son sólo un medio que los textos tienen para producir más textos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;+ &lt;a href="http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44472991013/ngram" target="_blank"&gt;NGram&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;+ &lt;a href="http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44473476209/no-hay-un-ente-nacional-de-digitalizacion" target="_blank"&gt;Entrevista a Horacio González&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;+ Algunos libros sobre el tema:&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/dd00569ab78822e3316f0e70bf32741a/tumblr_inline_mj3nm0vDEk1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/75d818fbcd8781ef6d10f2646a1a43e0/tumblr_inline_mj3nmk5ZKi1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44473667129</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44473667129</guid><pubDate>Sun, 03 Mar 2013 14:02:00 -0500</pubDate><category>El canon digital</category><category>Maneras de leer en la era digital</category><category>Google</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>"No hay un Ente Nacional de Digitalización"</title><description>&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;&lt;u&gt;Entrevista a Horacio González. Director de la Biblioteca Nacional&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;No hay un Ente Nacional de Digitalización”&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;por Juan José Mendoza, [&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.perfil.com/ediciones/2013/3/edicion_759/contenidos/noticia_0004.html" target="_blank"&gt;Cultura, Perfil.com&lt;/a&gt;&lt;span&gt;, 3/3/2013]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/26b3d118473b173d567ad4c7dde8c9ea/tumblr_inline_mj3mrtCNDJ1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;Horacio González reconoce que Google habla otro lenguaje, diferente del de las ciencias sociales en las que él se formó; un lenguaje hecho de &lt;/span&gt;&lt;span&gt;de bits y de impulsos electrónicos. Y hace &lt;/span&gt;&lt;span&gt;una enumeración precisa de sus críticas a Google: “&lt;/span&gt;&lt;span&gt;Google es una empresa de empresas que al mismo tiempo es una empresa de signos. Se coleccionan signos como antes se coleccionaban capitales.” En sus palabras resuenan las del teórico del semiocapitalismo Franco Berardi. El proyecto de almacenar la tradición libresca de todos los tiempos es, para González, algo vinculado a una máquina: “Una máquina de guerra de gran capacidad de captación de todos los signos culturales, jerarquizados mediante mecanismos no deducibles con facilidad. Es un mercado de signos equivalente a los mercados financieros.” La palabra Google, a la que González lee como una metáfora de la Globalización, expresa la fusión entre capitalismo e informatización: “Es como la palabra Dadá, una palabra imposible de definir y es a la vez un fonema complejo que surge de una regurgitación infantil. Una verdadera metáfora de la reconstrucción mecánica de los idiomas.” Sus críticas a Google se corresponden con la pregunta por cómo se participa del debate de la relación entre la Web y otros paradigmas de almacenamiento de saberes. La forma de organización de conocimientos de la Enciclopedia de Diderot, que dio lugar a la modernidad, es radicalmente distinta a las jerarquías de saberes regidas por los criterios de mercado que propone Google. Y agrega el caso de las casas alemanas de edición, que tienen un gran debate con Google en torno a los derechos de autor: “Es un debate casi a muerte por el control de la cultura mundial.” A pesar de su perspectiva crítica, González reconoce que Google es un&lt;/span&gt;&lt;span&gt;a de las estructuras más complejas que creó la humanidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;strong&gt;-¿Existe un proyecto de acuerdo con Google para la digitalización de fondos bibliográficos en la Argentina?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;- Sólo fue un anuncio cuando Google instaló su filial en Puerto Madero. Pienso que tiene que ser un debate muy profundo en la Argentina. No puede ser una decisión rápida. Y tiene que ser una decisión latinoamericana. Todas las bibliotecas nacionales tienen avances importantes en materia de digitalización: sobre todo Chile y Brasil. La Argentina está en una escala de digitalización media. &lt;/span&gt;&lt;span&gt;M&lt;/span&gt;&lt;span&gt;e parece que toda la aventura humana es interesante y que siempre están abiertas las puertas a la discusión. Con Google tarde o temprano habrá que discutir un acuerdo que sea relevante para nuestras instituciones y que no sea confiscatorio. Las bibliotecas nacionales, como repositorios históricos de las culturas de los países, se ven enfrentadas a los desafíos de Google.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;strong&gt;- En la Biblioteca Nacional se digitalizan varias cosas: revistas y periódicos por ejemplo&amp;#8230;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;- Acá se hace mucho en la Biblioteca Nacional, pero no está articulado con lo que hacen otras instituciones. Todo el mundo digitaliza, pero no hay un Ente Nacional que trate al más alto nivel la digitalización del repositorio argentino. Eso hay que hacerlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;strong&gt;- ¿Es un proyecto que está en camino?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;- Lo he conversado con amigos y allegados. María del Carmen Bianchi, que estaba en la CONABIP [la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares], y ahora es diputada, trabajó sobre eso. Hubo proyectos y sigue habiendo. Es necesario construir una voluntad estatal más explícita.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;González sabe que el asunto es complejo pero interesante. Aunque un proyecto así ingresara al Congreso, antes las universidades y muchas otras instituciones argentinas deberían tomar parte en el debate.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="http://media.tumblr.com/b00014069d28630c8b062643a8d10567/tumblr_inline_mj3npmmJfi1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44473476209</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44473476209</guid><pubDate>Sun, 03 Mar 2013 14:00:00 -0500</pubDate><category>El canon digital</category><category>Maneras de leer en la era digital</category><category>Google</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>NGram</title><description>&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;Pasado y futuro del verbo leer&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;por Juan José Mendoza, [&lt;a href="http://www.perfil.com/ediciones/2013/3/edicion_759/contenidos/noticia_0002.html" target="_blank"&gt;Cultura, Perfil.com&lt;/a&gt;, 3/3/2013]&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/e84c67c2c00f86811f86834c5a2d970c/tumblr_inline_mj3mglvAhO1qz4rgp.png"/&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;&lt;a href="http://www.books.google.com/ngrams" target="_blank"&gt;Ngram&lt;/a&gt; es un monumental contador de palabras. Usa como base de datos un porcentaje de todos los libros que el gigante de Internet digitaliza y sube a su plataforma de Google Books. A partir de ello se puede conocer la historia de una palabra o de una frase: en qué momento de la historia se comenzó a usar una determinada expresión, en qué momento se produjeron sus alzas y sus bajas, en qué momento una palabra dejó de usarse para siempre. La aplicación es utilizada por investigadores y aficionados. Una nueva forma de leer ahí, al alcance de un click.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/c964e39971f1c3e19c14514e17b61ece/tumblr_inline_mj3misZGnP1qz4rgp.png"/&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="western"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class="western"&gt;&lt;a id="firstHeading1" name="firstHeading1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;.&lt;a href="http://www.openlibrary.org" target="_blank"&gt;OpenLibrary.org &lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;es la gran propuesta alternativa a Google Books: un gran archivo bibliográfico de Internet sin fines de lucro. “Una página por cada libro que se publica” dice el sitio en su portal. Open Library es una esperanza, pero su fundador, &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Aaron Swartz, el 11 de enero de este año consternó a millones de internautas con la noticia de su suicidio. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;.&lt;a href="http://www.gutenberg.org" target="_blank"&gt;Project Gutenberg&lt;/a&gt;: &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;pionero en digitalización de textos (desde 1971). Actualmente ofrece 42.000 libros disponibles de manera totalmente gratuita.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="western"&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;.&lt;a href="http://www.wdl.org" target="_blank"&gt;La Biblioteca Digital Mundial. &lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;Financiada por Google Inc. desde el inicio, el proyecto forma parte de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos con la colaboración de la UNESCO y muchas instituciones. La Biblioteca Nacional Argentina forma es una de sus Instituciones Asociadas. Allí puede consultarse on-line el periódico argentino &lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;El Mosquito.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44472991013</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/44472991013</guid><pubDate>Sun, 03 Mar 2013 13:54:00 -0500</pubDate><category>El canon digital</category><category>Maneras de leer en la era digital</category><category>Google</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>Presentación</title><description>&lt;p&gt;&lt;a href="http://issuu.com/revistacia/docs/cia-nro2-final-ok?mode=window" target="_blank"&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/f5e69b8905b182f1e383c6ade380baad/tumblr_inline_mijgg4ZCPI1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Presentación del número dos de la revista CIA&lt;/strong&gt;&lt;br/&gt;Viernes 22 de febrero, 19hs&lt;br/&gt;en el MUSEO DEL LIBRO Y DE LA LENGUA&lt;br/&gt;Av. Las Heras 2555 - Buenos Aires&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br/&gt;&lt;strong&gt;Presentarán el número dos Roberto Jacoby y el grupo editor:&lt;br/&gt;Candela Potente, Florencia Reznik, Lucrecia Vacca y Syd Krochmalny&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Invitados especiales:&lt;br/&gt;&lt;strong&gt;TICIO ESCOBAR&lt;/strong&gt; (Curador y Ministro de Cultura del Gobierno de Fernando Lugo en Paraguay) + &lt;strong&gt;LUCAS SOARES, JUAN JOSE MENDOZA y PABLO GIANERA&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego, BRINDIS &amp;amp; MUSICA:&lt;br/&gt;En la Plaza del Museo por los artistas &lt;strong&gt;JUAN ODRIOZOLA, FER LAGUNA y ROS&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;CENTRO DE INVESTIGACIONES ARTISTICAS&lt;/strong&gt;&lt;br/&gt;&lt;a href="http://www.ciacentro.org/" title="www.ciacentro.org" target="_blank"&gt;&lt;a href="http://www.ciacentro.org" target="_blank"&gt;www.ciacentro.org&lt;/a&gt;&lt;/a&gt; / &lt;a href="mailto:info@ciacentro.org" target="_blank"&gt;info@ciacentro.org&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/43590171991</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/43590171991</guid><pubDate>Wed, 20 Feb 2013 16:47:00 -0500</pubDate><category>agenda</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>La Comunidad Tecnopoética</title><description>&lt;p&gt;Archivo Caleidoscópico, por Juan José Mendoza [&lt;a href="http://issuu.com/revistacia/docs/cia-nro2-final-ok?mode=window" target="_blank"&gt;Revista CIA, N° 2&lt;/a&gt;, febrero de 2013].&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;iframe frameborder="0" height="373" src="//e.issuu.com/embed.html#7407526/1516187" width="525"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/43589821310</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/43589821310</guid><pubDate>Wed, 20 Feb 2013 16:42:00 -0500</pubDate><category>Lecturas</category><category>Maneras de leer en la era digital</category><category>Nueva Crítica</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>Entrevista a Juan José Mendoza sobre El canon digital_, diario...</title><description>&lt;img src="http://24.media.tumblr.com/56462e10edee7822ffa27d605ee90c3e/tumblr_midxxzQvzT1ql655bo1_r1_500.jpg"/&gt;&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;&lt;p&gt;Entrevista a Juan José Mendoza sobre El canon digital_, diario Democracia, 17/02/2013&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/43345837792</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/43345837792</guid><pubDate>Sun, 17 Feb 2013 17:19:00 -0500</pubDate><category>El canon digital_</category><category>Maneras de leer en la era digital</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>El Menú de Lilith Libros_
Entrada: “Nanina” Germán...</title><description>&lt;img src="http://25.media.tumblr.com/82f08f5d11edc09ad04267e87ceb0aaa/tumblr_mhd5kbtPjA1ql655bo1_500.jpg"/&gt;&lt;br/&gt; &lt;br/&gt;&lt;img src="http://25.media.tumblr.com/de602c65a2c3e12e5fa4f9c4607aa846/tumblr_mhd5kbtPjA1ql655bo2_500.jpg"/&gt;&lt;br/&gt; &lt;br/&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El Menú de Lilith Libros_&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;u&gt;Entrada&lt;/u&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span&gt;: “&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;a href="http://menulilith.blogspot.com.ar/2013/01/nanina.html" target="_blank"&gt;Nanina&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;span&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href="http://menulilith.blogspot.com.ar/search/label/Germ%C3%A1n%20Garc%C3%ADa" target="_blank"&gt;Germán García&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;u&gt;&lt;strong&gt;Vino de la casa&lt;/strong&gt;&lt;/u&gt;: “&lt;em&gt;&lt;a href="http://menulilith.blogspot.com.ar/2013/01/literal-edicion-facsimilar.html" target="_blank"&gt;Literal. Edición Facsimilar&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;”&lt;/span&gt;&lt;br/&gt;&lt;span&gt;&lt;br/&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;u&gt;&lt;strong&gt;Plato Principal&lt;/strong&gt;&lt;/u&gt;: “&lt;em&gt;&lt;a href="http://menulilith.blogspot.com.ar/2013/01/osvaldo-lamborghini-una-biografia.html" target="_blank"&gt;Osvaldo Lamborghini, una biografía&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;“ &lt;a href="http://menulilith.blogspot.com.ar/search/label/Ricardo%20Strafacce" target="_blank"&gt;Ricardo Strafacce&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;br/&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;u&gt;&lt;strong&gt;&lt;br/&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;u&gt;&lt;strong&gt;Postre&lt;/strong&gt;&lt;/u&gt;: “&lt;em&gt;&lt;a href="http://menulilith.blogspot.com.ar/2013/01/el-frasquito.html" target="_blank"&gt;El frasquito&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;“ &lt;a href="http://menulilith.blogspot.com.ar/search/label/Luis%20Gusm%C3%A1n" target="_blank"&gt;Luis Gusmán&lt;/a&gt;&lt;br/&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/41747137081</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/41747137081</guid><pubDate>Mon, 28 Jan 2013 20:32:00 -0500</pubDate><category>Literal</category><category>Revista Literal</category><category>Lecturas automáticas</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>Dejar de escribir_</title><description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/fe0bdd497dc891432cdec2dd9683a596/tumblr_inline_mhb4qw4xSW1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;PRIMERO HAY QUE SABER PARTIR&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;por Juan José Mendoza [especial para &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4926-2013-01-27.html" target="_blank"&gt;RadarLibros&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;,&lt;em&gt; Página/12&lt;/em&gt;, 27/01/2013]&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Sobre Sánchez&lt;/em&gt;. Osvaldo Baigorria. Mansalva. 172 páginas&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Para qué escribir? La pregunta recorre el libro &lt;em&gt;Sobre Sánchez&lt;/em&gt;, la biografía que Osvaldo Baigorria emprendió y abandonó varias veces sobre el autor de &lt;em&gt;Nosotros dos&lt;/em&gt;. “Estoy seco”, “Se me acabó la épica”, “Yo ya escribí” decía Sánchez. Lo decía en los años 80, después de haber escrito &lt;em&gt;Nosotros dos&lt;/em&gt; (1966), &lt;em&gt;Siberia blues&lt;/em&gt; (1967), &lt;em&gt;El Amhor, los Orsinis y la Muerte&lt;/em&gt; (1969) y &lt;em&gt;Cómico de la lengua&lt;/em&gt; (1973). Lo decía después de haber escapado de la Argentina en busca de una revelación espiritual. Y después de haber vuelto al país para publicar, en 1988, el que sería su último libro: &lt;em&gt;La condición efímera&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hacia fines de los 60 el rastro de Sánchez se pierde. Deambula como &lt;em&gt;clochard&lt;/em&gt; por ciudades de Estados Unidos. Duerme en una playa de estacionamiento en California o en un rincón del Central Park. Es la misma New York por la que pasea Manuel Puig, acopiando material para sus crónicas en las revistas &lt;em&gt;Siete días ilustrados&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Bazaar&lt;/em&gt;, las que luego se recopilarán en el libro &lt;em&gt;Estertores de una época&lt;/em&gt;. En la misma manzana, mientras Puig baja de un hotel para ir a un cine o entrevistar a algún dominicano, Sánchez bebe jugo de paraguas en algún McDonald. O hace largas caminatas por la ciudad con piedras en los zapatos. Cruza semáforos en rojo y se sienta en un umbral a llenar cuadernos en la intemperie, con la mano izquierda, en mitad de la nieve. Son cuadernos que, una vez completados, deben ser tirados. Porque, ¿para qué escribir?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por aquellos días para Sánchez el sentido de la escritura es “ejercitar la mano contraria”. La anécdota del cuaderno recuerda a libros como &lt;em&gt;El secreto de Joe Gould&lt;/em&gt;, la sensacional biografía de Joseph Mitchell sobre un vagabundo de New York. Pero la vocación por el devenir lumpen la fabricó Sánchez con otros libros. Libros para él centrales como los del místico armenio George Gurdjieff. “Porque cuando se tiene una revelación como la que yo tuve, uno se da cuenta de que escribir es un acto de orgullo” -dirá Sánchez muchos años después, ya de nuevo en la Argentina-. “Dejé de escribir porque me encontré ante un conocimiento sagrado que requería una humildad inédita”. Había tropezado Sánchez con las enseñanzas de Gurdjieff en Perú. Pero de allí en más, poco o nada se sabe. Roberto Bolaño lo confunde con un saxofonista en Amsterdam. Vila-Matas lo imagina en Roma, en París, en Barcelona y hasta como becario de la Universidad de Iowa. Pero ¿dónde está?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Su hijo Claudio envía cartas a embajadas, editoriales, agentes literarios. Nadie sabe nada. Hasta que un día llega una respuesta. Y después otra. Y otra. Aquellas cartas (toda carta llega a destino) pergeñan las esquirlas documentales con las que Baigorria teje su libro sobre Sánchez. El otro hilo documental es un hilo de voz. Lo pergeñan los testimonios de quienes lo conocieron: Hugo Savino, Liliana Heer, Marta Gallo, Ruy Rodríguez, Tamara kamenszain, Roberto Raschella y el propio Claudio Sánchez, su hijo.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;&lt;strong&gt;Escribir en un cruce de caminos&lt;/strong&gt;&lt;br/&gt;Exilio, viajes, drogas de la sensibilidad, comunas del amor libre y crecidas en el Delta se entrelazan en el libro. El libro, que Baigorria comenzó a escribir en 2005&amp;#160;en su casa del Tigre, cambió varias veces de género. Fue biografía sobre Sánchez, fue auto-biografía de Baigorria, novela sobre el Delta, hasta que finalmente volvió a ser biografía sobre Sánchez. Con los restos de todo eso puede tropezar ahora el lector del libro. Pero el resultado no ha sido un libro fragmentario. La crónica, o el diario de la investigación, arroja una biografía parcial del escritor que fuera admirado por Cortázar. Una biografía parcial es algo titánico tratándose de Sánchez, alguien que hizo de la fuga su hogar. ¿Tiene sentido una biografía sobre alguien que eligió el silencio? -se pregunta Baigorria-. Hacia el final del libro, en un tercer capítulo titulado “Notas al pie”, aparecen los retazos de la novela ambientada en el Delta que Baigorria soltó, o dejó caer, encima de su libro sobre Sánchez. Baigorria, el remador que toca el agua, interpreta a Sánchez, el escritor, el bailarín de tango, el místico que tocaba frases. Ambos hacen un dúo. Si Sánchez vivió 18 años en un exilio autoimpuesto, Baigorria a su modo también. Así, la vida del escritor consagrado que se convierte en &lt;em&gt;clochard&lt;/em&gt; y vaga por el New York de los 70, se cruza con la del desencajado que se exilia en los 70 para devenir en el sembrador de árboles que asesina osos en Canadá o en el errante que escapa del invierno rumbo al Oeste con una chica en un viejo Ford. Hippies, lúmpenes, mujeres libres, derviches y ecologistas se cruzan. El aire de &lt;em&gt;En el camino&lt;/em&gt;, aquel libro de Jack Kerouac, se entremezcla con muchas otras atmósferas: tango, jazz, Yoga y con los olores fríos que deja la crecida. Y El Tigre de Baigorria evoca a Arlt, Walsh, Haroldo Conti, otros escritores también cautivados por el agua marrón del Delta. Como dice Ricardo Strafacce en la contratapa: “la de Sánchez y la de Baigorria son vidas paralelas, cuyo cruce de caminos, es este libro Sobre Sánchez”. Las vidas de los fugitivos, en algún punto de la huida, se tocan.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/016beb3849c8b222a7eec7330c9e9291/tumblr_inline_mhb6f3Z1sB1qz4rgp.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;br/&gt;La referencia a Ricardo Strafacce bien vale para una reflexión sobre el género. Strafacce, autor de la monumental biografía sobre Osvaldo Lamborghini, y Baigorria, autor de este clásico sobre Sánchez, han compuesto, cada uno a su manera, dos de las biografías literarias más importantes de los últimos años. Una, monumental; la otra, parcial. Las dos biografías son diferentes, desde luego, como diferentes son las vidas de los escritores que persiguen. Pero hay sin embargo algo que las une. No son biografías académicas pergeñadas en claustros revestidos de autoridades bibliográficas. Tampoco hay un predominio de lo literario por sobre la vida. Y aunque se puedan leer como novelas, por el fuerte componente imaginario que las nutre, jamás se podría decir que son novelas biográficas. Son más bien biografías conjeturales. Un género arrancado con los dientes de aquellas semblanzas de Borges. Un género de biografías que invierten el afán documental para confesarse impulsadas por preguntas fundamentales: preguntas existenciales que aparecen como un tormento firme en mitad del insomnio hasta que en un amanecer cobran por fin su forma exacta: Lamborghini, Sánchez. ¿De qué cosas está hecha una vida literaria? ¿De qué materias viscosas y arduas, amasadas con experiencia y fuga? Las preguntas son como flechas que parten en muchos pedazos el tiempo. Atraviesan la velocidad de los años queriendo dar en el blanco de un vacío. O en la mitad exacta de aquellas vidas que, como un imán, han arrastrado hasta allí a sus biógrafos. ¿Se podría hablar de un nuevo género, el de los biografistas argentinos? Libros como estos son un viaje. La contemporaneidad a la que se regresa pierde espesor. De lo que se vuelve es de algo muy abrupto. Intenso.&lt;/p&gt;

&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;span&gt;Decálogo del escritor lumpen&lt;/span&gt;&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;span&gt;“Antes, los que seguían el camino lumpen tenían las cosas muy claras. El código del escritor lumpen, del poeta, era sencillo: 1) no hacer la carrera literaria; 2) no ganar ningún premio nacional; 3) no hacer periodismo; 4) no hacer publicidad. Siempre fue así hasta que la crisis económica trastocó todo, permitiendo que los facilistas se adueñaran del corazón y la mente de los lectores como si el corazón y la mente fueran un mercado.”&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;“Para ser lumpen hay que tener conducta”. Entrevista a Néstor Sánchez, por Juan José Salinas. Revista Cerdos &amp;amp; Peces, Mayo de 1987.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4926-2013-01-27.html" target="_blank"&gt;&lt;span&gt;+ &amp;#8220;La condición lumpen&amp;#8221;, por Miguel Vitagliano, RadarLibros, Página/12 [27/01/2013]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/41650675651</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/41650675651</guid><pubDate>Sun, 27 Jan 2013 18:26:00 -0500</pubDate><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>Past</title><description>&lt;blockquote&gt;
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&lt;p&gt;&lt;span&gt;Como explica Juan Mendoza en &lt;/span&gt;&lt;strong&gt;Escrituras past&lt;/strong&gt;&lt;span&gt;, la irrupción electrónica se abre camino en la literatura o bien como referente o bien como matriz productiva, en el primer caso, se trata de un corpus amplio que abarca desde las pioneras&lt;/span&gt;&lt;strong&gt; La ansiedad &lt;/strong&gt;&lt;span&gt;de Daniel Link &lt;/span&gt;&lt;strong&gt;y Keres cojer? = Guan tu fak&lt;/strong&gt;&lt;span&gt; de Alejandro López hasta la reciente&lt;/span&gt;&lt;strong&gt; No alimenten al troll&lt;/strong&gt;&lt;span&gt; de Nicolás Mavrakis, novelas y cuentos que tematizan los nuevos usos de la tecnología a través de mails, chats y mensajes de texto. En el segundo caso se trata de incorporar para la literatura modos de procesamiento de archivos digitales: el loop ( &lt;/span&gt;&lt;strong&gt;Qué hacer&lt;/strong&gt;&lt;span&gt; de Katchadjian), el spam (&lt;/span&gt;&lt;strong&gt; Poesía spam&lt;/strong&gt;&lt;span&gt; , de Gradín) y también, a través de la proliferación hipertextual de diferentes discursos tomados de los medios masivos, de la red e incluso de los papers académicos, como en &lt;/span&gt;&lt;strong&gt;Sol artificial&lt;/strong&gt;&lt;span&gt; , de J. P. Zooey. En estas obras suelen ponerse en cuestión los límites entre realidad y ficción. La nueva literatura puede ser informe, acta, discurso, paper , el cuento omnívoro, camaleónico, puede adoptar cualquier registro, como el catálogo de la muestra de un artista que nunca existió, o el testimonio del testigo inexistente de un hecho notorio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;por Ariel Idez, &lt;a href="http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Apologia-literatura-breve_0_850114990.html" target="_blank"&gt;Suplemento Ñ, 18/01/2013&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;/blockquote&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/41012828637</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/41012828637</guid><pubDate>Sun, 20 Jan 2013 10:14:00 -0500</pubDate><category>Escrituras past</category><category>spam</category><category>Cámara de Ecos</category><category>El canon digital</category><category>Maneras de leer en la era digital</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>Teoría del Fragmento</title><description>&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.bajalibros.com/Genero/El-canon-digital--la-escuela-y-los-libros-en-la-cibercultura-Juan-Mendoza-Libro-21357" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://media.tumblr.com/01d6aea69dfb8097c162ae82c047cc8c/tumblr_inline_mgh0ht5IB51qho89i.png"/&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Juan Mendoza decide llamar “canon digital” a toda esta imbricación de nuevos significados que despierta el ciberespacio, en el que no hay moldes sino una permanente relectura, revaloración y nuevos sentidos. La paradoja de hablar de canon resulta potente porque enfatiza la imposibilidad de definición y encuadre de Internet y sus implicancias.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;por Natalia Gauna, &lt;a href="http://revistatonica.com/revista-tonica-7/" target="_blank"&gt;Revista Tónica N° 7&lt;/a&gt;, [diciembre de 2012]&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&lt;iframe class="scribd_iframe_embed" frameborder="0" height="600" id="doc_84567" scrolling="no" src="http://www.scribd.com/embeds/116529026/content?start_page=37&amp;amp;view_mode=slideshow&amp;amp;access_key=key-19d8277knfg3k7mrchvg" width="400"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/40253969116</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/40253969116</guid><pubDate>Fri, 11 Jan 2013 09:14:00 -0500</pubDate><category>El canon digital</category><category>Cámara de Ecos</category><category>Maneras de leer en la era digital</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item><item><title>Teorías Contemporáneas de la Literatura</title><description>&lt;p&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/f7168b8f321b6cc9f043de56c8853c77/tumblr_inline_mgcyvr2EI81qho89i.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;Una reivindicación de la copia, el plagio que cobra nuevos sentidos. Juan Mendoza (2011) apuesta por el término &amp;#8220;past&amp;#8221; (variante de pastiche y de copy-paste) para designar este fenómeno de escritura y relectura que reconoce y analiza en parte de la literatura argentina y española actual.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La distinción entre homenaje y parodia se diluye en estos textos que toman de la literatura, pero también del cine, del cómic, del ensayo teórico, de las series de televisión, del mundo de Internet, del periodismo Todo género es susceptible de ser ficcionalizado, revertido y recreado. La crítica se combina con la novela, se convierte y se integra en ella.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;María Angulo Egea, a propósito de El Dorado, de Robert Juan-Cantavella [en &lt;a href="http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&amp;amp;pid=S1852-44782011000200007&amp;amp;lng=pt&amp;amp;nrm=iso#16" target="_blank"&gt;Revista Olivar vol.12 no.16&lt;/a&gt;]&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&lt;img alt="image" src="http://media.tumblr.com/612e967a5bb5ccdb4bdac859430f4320/tumblr_inline_mgcyg38R751qho89i.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Prypiat desde adentro&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La lectura del detalle indica que la novela de Ríos puede entenderse en el marco de lo que Juan José Mendoza llama &lt;em&gt;escrituras past&lt;/em&gt;. En su “teoría de las emulsiones”, Mendoza señala que lo &lt;em&gt;past &lt;/em&gt;“está pergeñado por una acumulación clandestina de referencias; efecto rebote, bucles en el tiempo regidos por las leyes de la lectura y la reescritura”. Una emulsión así es la que rige la construcción de &lt;em&gt;Cuaderno…&lt;/em&gt;, que fusiona datos y personajes históricos, fragmentos de notas y entrevistas periodísticas disponibles&lt;em&gt;on-line&lt;/em&gt;, referencias literarias, artísticas y científicas y hasta una fábula de Esopo. Así, por ejemplo, el pequeño Tymoshyuk puede develarse también como Anatoliy Tymoshyuk, un &lt;em&gt;crack&lt;/em&gt; del fútbol ucraniano; la Preobrazhénshaya puede ligarse a Olga Preobrazhénshaya, bailarina del Ballet Imperial Ruso; y Mariika, uno de los personajes que Malofienko entrevista, se identifica como la única niña nacida en la zona de exclusión después de la catástrofe.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yamila Bêgné, a propósito de Cuaderno de Prypiat de Carlos Ríos [&lt;a href="http://blog.eternacadencia.com.ar/archives/2012/26578" target="_blank"&gt;Eterna Cadencia blog&lt;/a&gt;]&lt;/p&gt;
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&lt;/blockquote&gt;</description><link>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/40191398897</link><guid>http://tlatlandblog.tumblr.com/post/40191398897</guid><pubDate>Thu, 10 Jan 2013 14:56:00 -0500</pubDate><category>Escrituras past_</category><category>Lecturas automáticas</category><category>Carlos Ríos</category><category>María Angulo</category><category>Yamila Bêgné</category><dc:creator>tlatland</dc:creator></item></channel></rss>
